Dos tristes tíos sentados sobre tres tristes piedras, hablando entre ellos. Los reconozco por la voz, que no puede ser más triste, así que, al acercarme, me fijo más en las tres tristes piedras que en los dos tristes tíos. Una de ellas, por ejemplo, mantiene visible una parte de musgo, lo que revela que ha sido movida hasta situarla allí. Además, tíos y piedras forman un triángulo equilátero, aunque no tienen en cuenta la falta equilibrio. Una falta de equilibrio tan obvia y tan manifiesta que me impide alcanzar sus caras con la vista antes de oír la frase:

-Ya iba siendo hora.

 

 

 

5 octubre, 2014